Cálculos biliares

Los cálculos o «piedras» biliares son cuerpos sólidos que se forman por la agregación y concreción de sustancias que normalmente se hallan disueltas en la bilis.

La bilis es un líquido verdoso que el hígado fabrica y vierte al tubo digestivo a través de un conducto llamado colédoco.Está compuesta básicamente por agua, sales minerales (sobre todo calcio), colesterol, ácidos biliares (que son unos ácidos que produce el hígado, y que sirven para digerir y absorber las grasas de la dieta) y por un pigmento llamado bilirrubina, que es el que le da a la bilis su color amarillo-verdoso característico.
Tiene dos funciones principales: una es facilitar la digestión y absorción de las grasas en el interior del tubo digestivo, y la otra servir como vehículo para eliminar productos de desecho que el hígado depura de la sangre. La vesícula biliar es la bolsa donde se almacena la bilis y tiene una capacidad de entre 50 y 75 ml.

Cuando las sustancias contenidas en la bilis no se eliminan adecuadamente, acaban agrupándose y concentrándose y dan lugar a los cálculos.

Aproximadamente un 20% de las mujeres y un 8% de los hombres mayores de 40 años presentan cálculos biliares, si bien en una gran parte de los casos no se produce ninguna molestia.

Mecanismo de formación

Se generan cuando alguno de los componentes de la bilis se halla presente en exceso, ya que tiende a agregarse y a formar cuerpos sólidos. Dado que la agregación es más fácil cuando el líquido está almacenado que cuando se halla en movimiento a través del sistema de conductos, la gran mayoría de los cálculos se forma en la vesícula biliar, mientras la bilis se halla almacenada. Posteriormente, estos cálculos pueden desplazarse hacia otros puntos cuando la vesícula se contrae.

En ocasiones, no llegan a formarse cálculos grandes, sino que los componentes de la bilis que se hallan en concentración excesiva forman una capa más densa y pastosa que se deposita en el fondo de la vesícula. Esta capa se denomina barro biliar.

Tipos de cálculos

Según su composición los cálculos pueden ser:

De colesterol y ácidos biliares: se forman cuando aumenta la presencia de colesterol en la bilis. Se dan también con frecuencia cuando existen factores que dificultan la eliminación adecuada de los ácidos biliares del organismo. Entre estos factores el más importante es la presencia de niveles elevados de hormonas sexuales femeninas (estrógenos), motivo por el que este trastorno es más habitual en las mujeres. Otras posibles causas pueden ser de origen genético o tener relación con el lugar de residencia.

De bilirrubina: este tipo de cálculos se da con mayor frecuencia en las situaciones en las que aumentan los niveles de bilirrubina en el organismo. Este fenómeno se produce cuando existen enfermedades de la sangre como la anemia hemolítica, que alteran los glóbulos rojos y provocan que el hígado los destruya en mayor cantidad. Entonces se produce más bilirrubina, que se acumula en la bilis. La bilirrubina aumenta también cuando el hígado enferma por el consumo excesivo de alcohol (cirrosis alcohólica), y cuando existen infecciones crónicas del sistema de conductos de la bilis (colecistitis crónicas). Este tipo de cálculos es más frecuente en los países orientales que en los occidentales y se da más en los ambientes rurales que en los urbanos.

Sintomatología

Los cálculos biliares pueden con frecuencia no producir síntoma alguno y ser descubiertos de forma accidental, al realizar exploraciones por otros motivos.

Cuando los cálculos biliares se manifiestan, lo hacen produciendo lo que se denomina un cólico biliar, que es cuando uno o varios cálculos se mueven a través de los conductos cístico o colédoco y quedan atascados en su interior, produciendo una obstrucción total o parcial al flujo de la bilis. Esta obstrucción distiende e irrita la vesícula, que se contrae enérgicamente, produciendo un dolor muy intenso. Éste suele localizarse en el costado derecho del abdomen y puede extenderse incluso por las costillas hasta la espalda y el hombro derecho. Suele ir acompañado de náuseas y vómitos y, si la obstrucción al flujo de la bilis es completa, la piel puede ponerse amarilla por la acumulación de la bilirrubina que no puede eliminarse (ictericia). En caso de que exista una infección asociada de los conductos biliares, aparecerán también fiebre y escalofríos.

El cólico biliar comienza de forma brusca y suele persistir con gran intensidad entre una y cuatro horas, al cabo de las cuales va cediendo de forma más o menos gradual, si bien se sigue manifestando de forma cíclica en caso de que la obstrucción no se libere.

Tratamiento y prevención

Existen tres formas básicas de tratamiento de los cálculos biliares:

Farmacológico: consiste en administrar medicamentos que llegan a la bilis y disuelven los cálculos. Es eficaz en cálculos no demasiado grandes y formados por colesterol y ácidos biliares.

Mediante litotricia: consiste en desintegrar los cálculos mediante ondas de choque electrohidráulicas, que se aplican desde fuera del cuerpo y que no afectan a los tejidos del organismo. Este método es eficaz e inocuo, si bien está contraindicado en mujeres embarazadas.

Quirúrgico: consiste en operar al enfermo y extraerle la vesícula biliar con las piedras que contiene. Es una operación que sólo se realiza en determinados casos, cuando los otros tratamientos no son eficaces o no pueden aplicarse.

Para prevenir la formación de cálculos biliares es conveniente limitar el consumo de grasas, vigilar periódicamente los niveles de colesterol en la sangre y no consumir alcohol. Cuando los cálculos ya existen aunque no produzcan molestias, es muy recomendable evitar ingerir grandes cantidades de alimentos, ya que éstos desencadenan con frecuencia cólicos.



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