Guerra santa

Se llama “guerra santa” a todos aquellos conflictos que, en principio, parecen deberse a motivos religiosos, y a pesar de que en la actualidad se emplea el concepto para referirse de manera casi exclusiva a la guerra establecida entre los musulmanes, los judíos y occidente, lo cierto es que las guerras religiosas se han dado a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Ya en Egipto, Grecia o Mesopotamia se pueden encontrar enfrentamientos que parecen responder a diferencias religiosas, aunque en realidad la mayor parte de estos conflictos se deben, en verdad, a motivaciones de orden político.

El primer ejemplo claro de guerra santa se halla en las cruzadas, emprendidas por los gobiernos y estados cristianos contra los musulmanes y los infieles.

En lo que se refiere al cristianismo, la invitación a la lucha por motivos religiosos no se encuentra ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento, o al menos no de una manera explícita. Así, la mayor parte de las guerras religiosas que se produjeron durante la edad media se inspiraron en una obra de san Agustín titulada La ciudad de Dios contra los paganos.

El pensador cristiano consideraba que había que distinguir entre dos ciudades, la de Dios y la de los hombres, y que el gobierno de los reinos y los futuros estados debía estar regido por el ideal que marcaba la ciudad de Dios. Sin embargo, continúa san Agustín, para que la ciudad de Dios sea posible es necesario luchar contra los infieles, con el fin de imponer el reino de Cristo.

A partir de estas premisas la edad media estuvo llena de guerras religiosas entre los cristianos y los musulmanes, que a pesar de que se justificaron a partir de motivos religiosos, fueron promovidas por los diversos reyes y gobernadores cristianos, que mediante la guerra santa recuperaron territorios y conquistaron nuevos países.

De esta forma, es conveniente tener presente que detrás de todas las guerras santas se suelen esconder intereses que nada tienen que ver con la religión, y que se suelen apoyar en interpretaciones sesgadas y forzadas de las sagradas escrituras.

Un tanto de lo mismo se puede decir de la inquisición española, que valiéndose de argumentos seudorreligiosos acabó con la vida de prestigiosos pensadores y científicos por resultar personajes incómodos para la ortodoxia cristiana.

 

En la actualidad, el concepto de guerra santa está indisolublemente unido al de la Yihad islámica, que supone, al menos en la práctica, la lucha del mundo musulmán contra los judíos y occidente. Así, tanto las diversas guerras del Golfo como el enfrentamiento árabe-israelí se basan en estas ideas.

La Yihad islámica parte, al igual que en su momento lo hicieron las cruzadas, de una interpretación forzada y fundamentalista de los textos religiosos antiguos, en este caso del Corán, que es el libro sagrado de los musulmanes. Según los estudiosos del libro, en él se habla asiduamente de la guerra santa, pero no en el sentido en el que lo utilizan los terroristas, sino en uno muy diferente.

Según el Corán, las acciones bélicas sólo deben desarrollarse cuando se vea comprometida la libertad de los musulmanes y el reino islámico. Por tanto, no se trata tanto de atacar a occidente o a los israelíes como de defender lo que, por derecho, es suyo.

Estas ideas han sido tomadas por los terroristas como coartada para entablar una lucha con todos los infieles.

Sin embargo, al igual que sucedió con las cruzadas cristianas, en la guerra santa musulmana no sólo se mueven intereses religiosos, sino también políticos y, sobre todo, económicos. Oriente medio es un territorio rico en recursos petrolíferos, lo que ha conducido al establecimiento de diversos pactos entre los Estados Unidos y los países islámicos. La ruptura de estos pactos y la dependencia occidental del crudo ha remarcado las diferencias religiosas y las guerras presuntamente santas.

Esta confusión entre guerra santa y guerra política y económica se halla presente en toda la historia de la humanidad, como por ejemplo en la guerra civil española, en la que el papa Pío XII apoyó al general Francisco Francocontra los republicanos, al considerar que el comunismo suponía una flagrante negación de los principios elementales del cristianismo.

Así pues, la guerra santa se debe entender como todo aquel conflicto que parece motivado, en principio, por razones religiosas, a pesar de que suela encubrir intereses de otros tipos.

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