Humanismo

Movimiento cultural ligado al Renacimiento, que se desarrolló en Europa durante los siglos XIV y XV, cuyo objetivo era la consecución de las más altas virtudes humanas a partir de la recuperación de la cultura de la antigüedad grecorromana. El movimiento nació en Italia y tuvo sus primeras manifestaciones en el terreno de la literatura y el arte para extenderse posteriormente a otros países europeos y ampliar su campo de acción hacia otros ámbitos como la teología o la educación.

Definición de humanismo

El término “humanismo” comenzó a ser utilizado por estudiosos alemanes en el siglo XIX, para referirse a las tendencias culturales del Renacimiento que centraban su interés en la recuperación y el conocimiento de la cultura clásica. Conviene precisar que el término “Renacimiento” tiene un significado amplio, pues engloba también aspectos de la vida social y económica, mientras que “humanismo” es un término que se refiere exclusivamente a los aspectos culturales de dicha época.

Durante el Renacimiento, la actitud predominante respecto al estudio y la cultura cambió radicalmente respecto al periodo histórico precedente. Si durante la edad media toda la actividad intelectual estuvo enfocada hacia Dios, la nueva corriente de pensamiento que surgió en el siglo XIV comenzó a considerar al hombre desde una nueva óptica, defendiendo su derecho y su deber de saber para poder mejorar así el mundo que le rodeaba. Los studia humanitatis, que constituyeron el modelo de adquisición de cultura preferido, incluían, además de las tradicionales gramática y retórica, poesía, historia y filosofía moral. Ante la imposibilidad de encontrar el saber en maestros de las generaciones inmediatamente anteriores, sumidas en la época de oscuridad que luego se llamó edad media, los humanistas buscaron sus fuentes del saber en la cultura de la antigüedad o en lo que pudieron rescatar de ella.

Los principios que caracterizaron el humanismo se pueden sintetizar en:

Interés por la cultura clásica. Lejos de pretender un respeto reverencial hacia los textos antiguos, veían en ellos un instrumento que les permitía conocer mejor al ser humano y la naturaleza. El estudio y análisis de las obras literarias de la antigüedad grecorromana fue una de las actividades más apreciadas por la cultura humanista, pues en ellas encontraban no sólo explicaciones sobre el pasado sino claves para comprender el presente y el futuro.

Individualismo, es decir, creencia en la libertad de la persona. Dentro de la óptica cristiana pero con fuertes matices que diferenciaban a unos autores de otros, los humanistas hicieron gran hincapié en la capacidad del hombre para labrar su propio futuro, para mejorar su propio ser y su entorno. El principio de libertad individual, llevado a su máxima expresión por autores como Pico della Mirandola, abrió el camino a la idea de la aspiración a la virtud como una meta deseable para todo ser humano.

Realismo, entendido como el rechazo a las creencias no dotadas de base real. Los humanistas defendían la observación y análisis de las propias experiencias y de la naturaleza, como base sobre la que construir las ideas. El gusto por la exploración de los detalles, rasgo característico del humanismo que aparece de forma frecuente en obras de todo tipo, se deriva de este interés por la observación. Consecuencia lógica del realismo es el nacimiento de las ciencias, tanto naturales como sociales: la historia y la ciencia política experimentaron un gran avance en esta época y personajes como Leonardo da Vinci sólo se pueden comprender en todo su sentido desde la óptica del humanismo.

Los orígenes del humanismo

Durante el largo periodo que siguió a la decadencia y caída del Imperio romano, la cultura clásica quedó olvidada en Europa occidental, pero se conservó en algunos reductos de los cuales pudo ser rescatada siglos después. En periodos y lugares puntuales de la Europa medieval surgieron enclaves que llevaron a cabo una labor de recuperación y conservación cultural, como sucedió en la corte carolingia del reino franco (siglos VIII y IX) o en la corte de Alfonso X en Castilla (siglo XIII). Por otro lado, el Imperio bizantino, autoproclamado heredero del Imperio romano, había actuado como centro de conservación de las culturas griega y romana durante la llamada “edad oscura”. Cuando la capital, Bizancio, fue conquistada por el Imperio otomano en 1453, muchos de los intelectuales que allí trabajaban emigraron a Italia, donde encontraron una sociedad absolutamente receptiva a los conocimientos que ellos podían aportar. Este excepcional contacto cultural dio un nuevo impulso a la corriente humanista.

Entre los autores cuyas características nos permiten considerarlos precursores del movimiento humanista destaca el florentino Dante Alighieri . Su defensa del uso de la lengua vulgar en la literatura, frente al latín, que era considerado en la época como una lengua superior, contribuyó a la creación de una nueva cultura más comprensible y de más fácil acceso para mayor número de personas. En el terreno político fue un firme defensor de la unidad de Italia, aspecto en el que coincidió con humanistas posteriores como Petrarca. En obras suyas como La divina comedia aparecen personajes de la antigüedad junto a personajes contemporáneos y sus frecuentes citas de autores clásicos lo convierten en un precedente del humanismo.

Influencia del humanismo en las artes y las ciencias

 

Los humanistas no percibían una frontera clara entre arte y ciencia y, mucho menos, la distinción entre las distintas artes que comenzó a establecerse en siglos posteriores. Para ellos se trataba de caminos que se interconectaban y que guiaban al “artista”, entendido éste en un sentido muy amplio, hacia el conocimiento más profundo de la naturaleza y del ser humano. Proliferaron así autores polifacéticos que cultivaron tanto la poesía, pintura o arquitectura como las matemáticas o la física, entre los que podríamos citar al genial Leonardo da Vinci o Leone Battista Alberti.

La pintura y la escultura renacentistas están imbuidas de humanismo tanto en los temas como en la forma de representarlos. La proliferación de personajes y escenas clásicas se comenzó a manifestar en el quattrocento (siglo XV) y llegó a su cenit en el cinquecento (siglo XVI) con obras como El nacimiento de Venus o La Primavera de Botticelli, o Las tres gracias de Rafael, por citar sólo algunos. Incluso obras inspiradas en la literatura cristiana son tratadas desde una óptica grecorromana. Como ejemplo más destacado, el David de Miguel Ángel mantiene una estética clásica, mejorada por la técnica del genial artista que lleva las proporciones griegas a su máxima perfección. La observación y representación minuciosa de los detalles son otra de las características que desarrolla la pintura renacentista y que se manifiesta no sólo en Italia sino también en la pintura flamenca de autores como Van Eyck. En general, el ser humano se convirtió en el principal foco de atención del arte renacentista. Las obras de Miguel Ángel quizá representen mejor que ninguna el antropocentrismo que caracterizó el Renacimiento, pues consiguió representar el ideal humano con excepcionales niveles de exactitud y belleza.

Conclusión

En definitiva, el auge del humanismo se puede considerar como el nacimiento del pensamiento moderno, que rompió con lo que sus representantes consideraban “siglos de barbarie”. Sobre su base se fueron construyendo la ciencia y la filosofía europeas en los siglos posteriores. Además, este movimiento aportó a la humanidad un considerable número de personajes geniales, cuya obra y personalidad siguen siendo un modelo admirado en el siglo XXI.



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