Infancia

Etapa del ciclo vital del ser humano, que comprende desde el nacimiento hasta los diez años de edad aproximadamente, momento en el que empieza la pubertad.

Dentro de esta etapa se suelen distinguir dos periodos, la primera infancia, que se extiende desde el nacimiento hasta los cinco años, y la infancia intermedia, entre los seis y diez años.

Durante la infancia, el cuerpo de un niño duplica su peso, y crece entre cinco y ocho centímetros por año. El crecimiento físico del cuerpo es más rápido durante los tres primeros años que durante el resto de la vida de un ser humano. El crecimiento no implica sólo un aumento de peso y tamaño, sino que también se producen cambios morfológicos muy importantes.

Por tratarse de un periodo de crecimiento, la alimentación durante la infancia resulta fundamental. Además los niños necesitan mucho aporte energético debido a su constante movimiento. Es importante que los niños aprendan a comer de todo y a degustar los sabores de distintos alimentos. Su dieta debe estar basada en alimentos con poca grasa y en abundantes vegetales (verduras, frutas, legumbres y cereales integrales). La educación de hábitos alimentarios saludables debe realizarse tanto en casa como en el colegio.

De las experiencias de la infancia depende en gran parte la personalidad futura de la persona. Cada acontecimiento en la vida de un niño es importante pues de todo aprenden y con esas experiencias van modelando la persona adulta que llegarán a ser.

En esta etapa se producen cambios muy importantes no sólo a nivel físico sino también psicológico. El aprendizaje es el motor fundamental del desarrollo en la infancia: durante los primeros años de vida los niños aprenden cosas tan básicas como a hablar, caminar, relacionarse con los demás, etc.

A partir del primer año de vida, los niños aprenden a caminar, pero hasta ese momento ya han recorrido un complejo proceso psicomotriz, que comienza hacia los tres meses de vida cuando aprenden a sujetar la cabeza, continúa a los seis meses, cuando logran formar una unidad cabeza-cuello en bloque que les permite mantener la postura y el equilibrio y comenzar a sentarse solos, sigue a los nueve meses cuando comienzan a gatear y culmina entre los once y doce meses en los logran ponerse de pie con ayuda, para poco después comenzar a caminar solos.

Entre los dos y tres años se adquiere el lenguaje. Lo primero que aparece son palabras cotidianas, como mamá, papá o agua. Poco después, el niño comienza a formar pequeñas frases, como “quiero agua”, “mama guapa”, etc. y progresivamente empiezan a utilizar preposiciones y artículos, y poco a poco van agregando tiempos verbales simples. A partir de los tres o cuatro años los avances en el lenguaje son sorprendentes;  las oraciones se alargan cuando  los niños aprenden a utilizar conjunciones como “y”, “ni” o “pero”; el vocabulario se amplía cada vez más y se hace mucho más preciso. Es el momento en el que el niño aprende a dialogar con otras personas, y a prestar más atención a lo que se les dice, pues se han dado cuenta de que hablar sirve para comunicar pensamientos y sensaciones. Cumplidos los cinco años, el niño ya tiene un buen dominio de las bases del lenguaje.

Durante la infancia se produce una circunstancia fundamental en la vida de toda persona: la escolarización. Con cuatro años, el niño comienza a ir al colegio, y esta situación durará hasta bien entrada la adolescencia. En el colegio, los niños aprenden a relacionarse con sus compañeros, y desarrollan áreas de expresión corporal, plástica y musical, comprensión oral y aproximación al lenguaje escrito. El colegio se convierte, junto al propio hogar, en un entorno clave en la vida del niño, pues pasa casi más tiempo en él. Aquí va a recibir una educación no sólo académica sino ética y moral que va a marcar su posterior desarrollo.



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