Islam

Se llama islam (en árabe «consagración a Dios») a la religión monoteísta creada por el profeta Mahoma (Muhammad, 570-632) a inicios del siglo VII en Arabia. A los practicantes del islamismo se les conoce como musulmanes, palabra que procede del término árabe muslim y quiere decir «practicante del islam».

La religión musulmana nació a partir del enfrentamiento entre Mahoma y las elites árabes contra el paganismo, el maniqueísmo o ciertas formas de judaísmo o cristianismo, que ya se hallaban presentes en Arabia.

Aunque, por otro lado, las primeras religiones primitivas arábigas se caracterizaban por el culto desordenado a unas piedras que simbolizaban las fuerzas creadoras.

El islam acometió desde sus orígenes lo que se conoce como yihad (literalmente “esfuerzo”, aunque también con el significado de guerra santa), una realidad religiosa y política que consiste en la expansión y conquista de los territorios ocupados por los paganos. El movimiento religioso nació en las ciudades-oasis de La Meca y Medina, y se expandió rápidamente por todo el mundo, llegando a alcanzar la zona más occidental de Europa (España) y la India.

La religión islámica basó su triunfo en gran parte de oriente en el hecho de que nació ligada de manera férrea al estado, lo que permitió una absoluta suficiencia administrativa, organizativa y militar.

Los principios de la fe musulmana

Las doctrinas teológicas del islam parten de una verdad fundamental, que se halla presente en cada una de las manifestaciones de la religión. Esta verdad fundamental se suele resumir en una sola frase, que constituye una ley para los musulmanes y que aparece recogida en el libro sagrado de la religión, que es el Corán: «Sólo Allah (Dios) es Allah, y Mahoma su profeta».

El islam se basa además en el reconocimiento de que Allah es la única figura divina. Si el cristianismo comprendía la existencia de otras personas sagradas, como Cristo, que era la encarnación de Dios, los musulmanes no conciben la existencia de ninguna clase de encarnación o manifestación positiva de Dios. Así, para ellos, considerar la encarnación de Allah en cualquier forma de materia implicaría una grave herejía. Es por ello que en el islam están prohibidas las imágenes de Dios, lo que resulta chocante para una cultura como la occidental, tan proclive a la representación figurativa de Dios y sus realidades trascendentes.

No en vano en principio se negó cualquier forma de estudio teológico de la figura de Allah, ya que la función de los hombres, según el Corán, es la de obedecerle, no la de estudiarle o la de penetrar en su naturaleza. Posteriormente se empezaron a elaborar prolijos estudios teológicos (kalam) en torno a la figura del Dios musulmán. Sin embargo, no son tan habituales como en otras religiones, en las que la racionalidad y la religión se tratan de aliar, tal y como se puede advertir en la escolástica medieval cristiana.

La función del hombre dentro del islam es completamente pasiva, de tal modo que no debe tratar de imaginar o de comprender a Dios, sólo tiene que obedecerle. Así, quien no obedece a Dios es condenado al infierno en el juicio final, mientras que los fieles que han sabido observar las leyes elementales del islam van al paraíso. Por otra parte, Allah únicamente se manifiesta a través de los profetas, que son elegidos por él.

La figura de Mahoma y el Corán

Mahoma por su parte no es sino el último de los profetas, que destaca sobre todos los demás (entre los que se incluye a Jesucristo) porque es el único que tuvo un acceso directo a la revelación absoluta y plena de Dios.

El resultado de esta revelación se halla recogida en el libro sagrado del islam, que es el Corán (que significa «lectura» en un sentido absoluto y trascendental), en el que se describen las normas más elementales de la religión musulmana. Todos los destinos y todas las verdades dependen de él, aunque éste puede prestarse, en ocasiones, a diversas interpretaciones.

Por otro lado, el Corán no sólo explica cómo deben conducirse los fieles desde un punto de vista religioso, sino que también describe cómo deben ser el estado y las relaciones políticas. Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que un hecho no se presta a una interpretación clara a partir de la lectura del libro sagrado, los musulmanes admiten otras tres fuentes sagradas: las tradiciones implantadas por Mahoma (que se conocen como sunna), el estudio y las deliberaciones de los sabios, y, por último, la interpretación racional de las escrituras y los hechos positivos.

Destaca en este sentido la diametral diferencia entre el islam y el cristianismo, que nació ligado desde sus orígenes a la interpretación filosófica y racional de las palabras de Dios.

Los libros basados en la interpretación de las leyes que se siguen del Corán ya están cerrados, de tal modo que no se pueden interpretar de nuevo. Esto implica para los musulmanes que la voluntad de Dios no puede cambiar, y que el hombre debe limitarse a aceptar una ortodoxia que establecieron los sabios y los profetas hace siglos.

La omnipotencia y la exclusividad del dios musulmán también implican la imposibilidad de establecer una serie de sacramentos o la proliferación de sacerdotes e intermediarios entre lo divino y lo humano. Éstos son completamente innecesarios, puesto que todo lo que debe hacer un musulmán para mantenerse fiel a Allah es leer el Corán, rezar y seguir sus instrucciones, que son invariables desde los orígenes de la religión.

Las leyes fundamentales del islam

Así pues, del Corán se deriva una rígida ley (la sharia), que observa no sólo la manera en la que se debe adorar a Allah o el modo de rezar, sino también todos y cada uno de los gestos ordinarios que realiza un musulmán a lo largo de su existencia. El islam no deja un solo momento a lo ordinario, Allah se halla presente en todos los instantes del día, y no hay nada que no tenga una relación directa con él.

Las leyes elementales que se derivan del Corán y dotan de sentido y forma a la religión musulmana son cinco:

En primer lugar destaca la profesión de fe del islam, conocida como sahada, que consiste en la iniciación en la religión musulmana a través de la pronunciación sincera de las palabras «sólo Allah es Allah, y Mahoma su profeta».

En segundo lugar se encuentra la ley de la «plegaria canónica» o salat, consistente en la realización mecánica de unos gestos y el pronunciamiento ritual de una serie de palabras sagradas que deben repetirse cinco veces a lo largo del día.

En tercer lugar cabe hablar de la ley sawm, que consiste en el ayuno ininterrumpido desde el amanecer hasta el anochecer durante el mes lunar del ramadán.

En cuarto lugar está la ley del diezmo o zakat, que supone la entrega de una limosna con el fin de mantener a la comunidad.

En quinto y último lugar se encuentra la ley de la peregrinación o hayy, según la cual todos los musulmanes deben peregrinar al menos una vez en su vida a la Meca, ciudad santa en la que nació Mahoma.

Otras formas de islam

Aunque casi el noventa por ciento de los musulmanes practican la forma de islam que se conoce como ortodoxo o sunní, también hay que destacar la existencia de diversas modalidades o ramas de la religión. La más conocida es el chiismo, surgido a raíz de los enfrentamientos por la sucesión de Mahoma tras la muerte de éste. Otras corrientes son el ismailismo, los imamíes o el sufismo.

Este último, nacido hacia el siglo IX, se caracteriza por constituir una versión mística del islam. Así, sus sabios suelen hablar de la religión como una llamada esotérica que no se puede explicar. Según los historiadores, el islam practicado por los sufíes hunde sus raíces no sólo en la lectura y en la interpretación del Corán sino también en diversas corrientes antiquísimas como el gnosticismo o el neoplatonismo.

Aunque la mayor parte de las prácticas religiosas sufíes se asemejan en lo fundamental a las de los sunníes, éstos también tienen sus propios ritos, como la danza o el canto de poemas de carácter místico referidos a las figuras de Mahoma y Allah.

Sin embargo, a pesar de que el sufismo constituye una minoría dentro del islam, los fieles pertenecientes a esta revisión heterodoxa de la religión musulmana no fueron objeto de persecuciones durante la mayor parte de la historia del islam.

Así, la doctrina ortodoxa islamista fue bastante flexible a este respecto; aunque, por contra, siempre ha sido muy dura y violenta con el castigos a aquellos fieles que se han atrevido a descuidar su culto a Allah, ya que, según las palabras del propio Mahoma, «mi comunidad no permitirá jamás un error», lo que implica que no cabe ninguna clase de discusión y omisión de los principios o leyes elementales del islam, que ni pueden variar ni pueden dejar de ser observados por ningún musulmán.

La doctrina islámica en la actualidad

Aunque el dogma islámico siga siendo inamovible, a partir del siglo XIX diversos teólogos trataron de modernizar la religión, pues veían cómo el cristianismo se hacía, gracias a su alianza con los estados modernos, con la mayor parte de los territorios del mundo.

La modernización de la doctrina islámica se debe principalmente a la labor de dos autores: al-Afgani y Muhammad Abduh, a los que se suman los estudios que se realizan en la universidad teológica del Cairo, fundada en el siglo X.

Por otro lado, si en Egipto se ha apostado a lo largo del siglo XX por la modernización de la religión islámica, en otros países, como Afganistán o Arabia Saudí, se ha incidido en una interpretación interesada y fundamentalista del Corán, que ha conducido al nacimiento de un gran número de conflictos frente al judaísmo y el cristianismo.

Actualmente, entre los países y estados en los que se practica el islam destacan Pakistán e Indonesia, además de los territorios comprendidos en Asia occidental, meridional y sudoriental y el norte de África.

La filosofía musulmana

Aunque el islam suele ser comprendido como una religión que niega cualquier forma de aproximación racional a las verdades de fe, lo cierto es que a lo largo de la historia de la religión se pueden encontrar importantes pensadores musulmanes que trataron de abordar el fenómeno de la religión islámica desde una perspectiva especulativa.

La filosofía clásica griega penetró en el islam cuando los musulmanes se hicieron con los territorios comprendidos en Mesopotamia y Siria, en los que las ideas de Platón y Aristóteles eran estudiadas y veneradas desde hacía siglos.

Así, hacia el siglo IX los musulmanes empezaron a contemplar la posibilidad de mezclar el contenido del Corán con la metafísica de Aristóteles y los neoplatónicos, que incluso llegaron a ser traducidos al árabe. Sin embargo, desde los orígenes del estudio árabe del pensamiento pagano de los griegos se miró con cierta desconfianza el contenido de las obras clásicas helenas.

Los primeros filósofos árabes que se acercaron al pensamiento occidental clásico fueron al-Kindi y al-Farabi, quienes se plantearon la posibilidad de aceptar el emanacionismo neoplatónico para explicar la creación del mundo por Allah y quienes llevaron a cabo una encomiable labor enciclopédica, que trataba de fusionar las principales ideas del islam con las metafísicas de Platón y Aristóteles.

Sin embargo, el primer gran filósofo musulmán fue Avicena (ibn Sina), quien llevó a cabo la primera formulación sistemática de la filosofía islámica. Avicena se vio además fuertemente impresionado por la filosofía griega, y trató de aunar el racionalismo metafísico de Platón y Aristóteles con las verdades reveladas en el libro sagrado del Corán. La importancia del pensamiento de Avicena es tal que llegó ejercer una notable influencia en el pensamiento occidental, más concretamente en la escolástica, que estudió la manera en la que el filósofo musulmán fusionó dentro de un mismo sistema especulativo la razón y la fe, la metafísica y la teología. Según Avicena, el mundo era una realidad eterna e inmutable, tal y como lo habían descrito los filósofos griegos. Esta idea, tan poco afín al islam, produjo no pocas reacciones adversas entre los seguidores ortodoxos de la religión musulmana.

Muestra de ello es la obra de al-Gazali, quien en sus obras La destrucción de los filósofos y La restauración de las ciencias de la religión trató de acabar con cualquier forma de intromisión por parte del pensamiento griego en la religión islámica.

Un siglo después de la irrupción del pensamiento de Avicena surgió una nueva figura dentro de la filosofía musulmana: Averroes, cuyo nombre en árabe era ibn-Rusd, quien había nacido en al-Ándalus durante la ocupación musulmana de los territorios de la península ibérica. El acercamiento especulativo de Averroes al mundo griego fue de tal profundidad e importancia que éste fue perseguido sin descanso durante años por los ortodoxos, lo que lo obligó a exiliarse del mundo musulmán. Para Averroes era necesario establecer una separación definitiva entre filosofía y religión, de tal modo que aquélla tuviese absoluta libertad para estudiar desde la racionalidad los principios elementales de la existencia. Esto suponía una importante herejía contra el islam, que afirmaba que las cuestiones referidas al sentido o al origen de la existencia sólo podían ser asumidas a partir de lo que se describía en el Corán y nunca a partir de la razón o del libre ejercicio de la especulación filosófica. Averroes fue un genial intérprete de la obra de Aristóteles, y su influjo en la renovación y en el progreso del pensamiento escolástico cristiano fue completamente definitivo.

Aunque la filosofía desarrollada por estos autores nunca llegó a modificar la concepción que los musulmanes tenían de su propia religión, lo cierto es que ha resultado sumamente útil para comprender las relaciones existentes entre todas las religiones monoteístas, así como la importancia que han tenido las obras de Platón y Aristóteles en su configuración. Cabe recordar que los filósofos y los teólogos musulmanes no han sido los únicos que han tratado de buscar inspiración en el pensamiento griego clásico, y que el propio cuerpo doctrinal cristiano se basa en la lectura y en la interpretación de las obras de Platón y Aristóteles. Además, hay que tener presente que cuando el propio islam nació a partir de la reformulación de una serie de ideas y creencias que ya existían en el cristianismo o en el judaísmo, sin advertirlo estaba ya asumiendo los principales conceptos de la filosofía clásica griega, que se hallan presentes en la constitución de todas las religiones y filosofías de occidente y Oriente Próximo.



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