Judaísmo

Se llama judaísmo a la religión y a las formas de organización políticas y culturales propias del pueblo hebreo, que nacieron a partir del culto a un único Dios y del destierro de los judíos, que partieron en busca de la Tierra Prometida guiados por Moisés. El libro elemental del judaísmo, en el que aparecen todas sus leyes y todos sus principios, es la Torah, que significa “ley”, en la que se conserva la palabra de Dios y que sirve de base para todos los ritos, rezos e interpretaciones.

Se calcula que la religión judaica tiene más de 3.500 años de historia, lo que la convierte en la más antigua de las religiones monoteístas. Además, se considera que sirvió como fuente de inspiración para las otras dos grandes religiones monoteístas: el cristianismo y el islam, con las que guarda muchas similitudes y con las que comparte algunos textos sagrados.

El origen del judaísmo y los libros sagrados

Según la tradición judaica, tanto la Torah como el sacramento de la interpretación y la plegaria de las leyes de Dios proceden de Moisés, quien recibió el libro del propio Yahvé. Posteriormente, la exégesis de los textos sagrados condujo a la elaboración de otros libros elementales para los judíos, como son el Talmud o la Mishná, que son resultado de la exégesis de la palabra de Dios. El conjunto de todas estas obras da lugar a lo que se conoce como la ley judaica, que es observada de diversos modos dependiendo de la corriente del judaísmo de la que se trate.

Por otra parte, cabe señalar que el contenido de la Torah se corresponde con el de el Antiguo Testamento, de tal modo que la única diferencia entre la Biblia de los judíos y la de los cristianos es que los primeros no aceptan el Nuevo Testamento como libro sagrado ni comprenden la figura de Jesucristo como hijo de Dios sino como mero profeta.

El hecho fundamental dentro de la historia y la naturaleza del judaísmo se encuentra en el destierro de los judíos de Babilonia y de Egipto, lugares donde eran tratados como esclavos y donde eran sometidos al politeísmo pagano, y en la aparición de Yahvé a Moisés en el monte Sinaí, donde le entregó las tablas de la ley y estableció un pacto con el pueblo hebreo.

Este hecho determina en gran medida el carácter exclusivista de la religión judaica. El judío es el pueblo elegido, el que se salvará si es capaz de acometer el cumplimiento de la ley, y se diferencia de todos los demás pueblos en que tiene un destino especial, elegido por el propio Dios.

Según los historiadores, la expulsión de los judíos de Babilonia y su persecución en Egipto se debe sobre todo a su postura religiosa. Al igual que sucedió después con el cristianismo en Roma, los judíos suponían un peligro para las otras formas de religión existentes en la región, que con su politeísmo aceptaban la convivencia pacífica de un gran número de creencias y deidades.

Sin embargo, el judaísmo creía en un solo Dios excluyente, que significaba la vanidad de los demás dioses a los que se rendía culto. Por otra parte, la existencia de una nueva ley también implicaba la negación de las leyes ya vigentes.

El Dios judío y la diversificación del judaísmo

El Dios judío se caracteriza por su carácter omnipotente y omnisciente; es un dios que lo ve y lo puede todo, por lo que es el creador y el juez de todo lo que existe. Sus atributos y la forma de rendirle culto aparecen precisamente descritos en la Torah en los libros tercero y cuarto, que se corresponden con el libro del Pentateuco de la Biblia cristiana.

La expansión de los judíos a lo largo y ancho de todo el mundo condujo al establecimiento de distintas tradiciones dentro del propio judaísmo, que sin embargo se mantuvieron fieles a los principios elementales de la religión.

Ya en los orígenes de la religión se establecieron diferentes formas de credo, encarnadas por los saduceos, los fariseos y los esenios.

Los primeros, los fariseos, no sólo creían en la Torah sino también en la ley oral judaica. Además creían en la inmortalidad del alma, el castigo a los infieles y la resurrección de los justos. Se enfrentaban a los saduceos porque éstos creían únicamente en la Torah por lo que negaban la validez de la ley oral.

Los fariseos constituyeron una de las primeras formas de judaísmo, y se hicieron con la ortodoxia del movimiento religioso hasta el siglo II de la era moderna.

La secta de los saduceos, por su parte, nació después que la de los fariseos, y negaron la validez de la ley oral por motivos políticos antes que religiosos.

Los esenios, por último, constituían una secta minoritaria y fueron contemporáneos de los fariseos y los saduceos. Compartían muchas ideas y prácticas con ellos, sin embargo, por motivos políticos, se retiraron al desierto con el fin de preparar la llegada del Mesías.

Cabe reseñar que el judaísmo parece ser una religión destinada a la emigración y a la segmentación, debido a que identifican su religión con su propia raza y con la exclusividad de su cometido, lo que la enfrenta a otras formas de comprender el mundo y la religión. Así, el judaísmo no es sólo un credo, sino también una cultura antiquísima y una forma de política y economía.

El nombre de los judíos

Los judíos son conocidos de diversas formas. Así, se les llama hebreos porque se considera que el primer judío fue Abraham, quien es también el fundador de otras religiones monoteístas. Según la tradición, Abraham habría sido el primer hombre en recibir la llamada y la palabra del único Dios.

Por otra parte, según la Biblia el nieto de Abraham, que se llamaba Jacob, recibió el nombre de Israel, por lo que también se conoce a los judíos como israelitas, haciendo referencia tanto a la persona de Jacob como a la Tierra Prometida a la que debían dirigirse.

El concepto de judío es el más tardío y común de todos, y hace referencia a la tierra de Judá, de Judea.

Las doctrinas y los principios elementales del judaísmo

A partir del reconocimiento de la Torah el Talmud y el valor de la ley oral, el judaísmo se halla constituido por una serie de preceptos, leyes e instituciones elementales que se practican en las más diversas regiones del mundo.

Si la Torah contiene la palabra misma de Dios, el Talmud y la Mishná incluyen las interpretaciones de las que ha sido objeto el libro sagrado y las distintas leyes que se han creado oralmente. Las mayores diferencias entre las distintas comunidades judías radican precisamente en la aceptación de las leyes orales, el Talmud y la Mishná.

A grandes rasgos, estos libros sagrados incluyen siete preceptos elementales, universales para todo el judaísmo, y que consisten en no cometer idolatría (no adorar a otras divinidades), no utilizar el nombre de Dios en vano (no perjurar), no asesinar, no robar, no mantener relaciones sexuales fuera de la ley judía, no comer carne de animal y pretender siempre lo justo.

Como se puede observar, estos preceptos o mandamientos, exceptuando el sexto, son muy similares a los que integran la religión cristiana.

Además de estos siete preceptos fundamentales, la Torah contiene otros 613 preceptos menores, de los cuales la mayor parte incitan a la no acción y a la pasividad.

Estos preceptos, que son los que aparecen en el libro fundacional del judaísmo, pueden variar a partir de las diversas interpretaciones que se hagan de la Torah.

El conjunto de todas estas leyes junto con sus diversas interpretaciones dan lugar a lo que se conoce en el mundo hebreo como Halajá, que es el corpus legal de la religión judía, y que puede variar dependiendo de la aceptación o no del Talmud y la Mishná.

Los ritos y las fiestas del judaísmo

Entre los ritos que se siguen de la ley judía destacan la circuncisión, que es el rito iniciático de los hebreos, al que le siguen los referidos a la forma de alimentarse, a la forma de orar a Dios o al número de veces que hay que ir a la sinagoga, así como a los diferentes ritos de confirmación de la fe.

El templo en el que se rinde culto al dios judío se llama sinagoga, y en ella se leen los pasajes elementales de la Torah tres veces a la semana, constituyendo el Shabat, el sábado, el día sagrado de mayor relevancia, en el que no se suele trabajar.

Al igual que sucede en todas las grandes religiones monoteístas, el calendario judío está lleno de fiestas sagradas, entre las que destaca la Pascua, que es completamente distinta a la cristiana.

En la Pascua judía se conmemora el éxodo judío desde Egipto a la Tierra Prometida de la mano de Moisés, atravesando el mar Rojo, recibiendo las tablas de la ley y originando así el culto mismo.

Dentro de la celebración de los sábados destaca uno por su crucial importancia. Se trata del Yom Kipur, el sábado por excelencia, en el que se suele confirmar la fe de los jóvenes judíos y en el que se establece su madurez.

Las instituciones religiosas dentro del judaísmo

Como sucede con el cristianismo, el judaísmo en tanto que institución religiosa está conformado por una serie de figuras y ritos. El personaje más importante dentro de esta jerarquía religiosa es la del rabino, que es el encargado de guiar a su pueblo dentro del camino de la religión y la política. Así, el rabino no sólo decide qué es lo más conveniente desde un punto de vista religioso, sino también qué es lo más sensato desde un punto de vista social.

Por ello, el rabino es considerado como una especie de sabio, como una persona de gran cultura y preparación que es capaz de tomar decisiones dentro de las más diversas circunstancias. El rabino es además un experto en la lectura y en la interpretación de la Torah, y suele estar familiarizado con las distintas exégesis que se recogen en el Talmud y en la Mishná.

La sinagoga, que es lugar en el que se reza y en el que se reúne la comunidad hebrea, supone una réplica metafórica del templo de Jerusalén, lugar al que peregrinaban los primeros judíos para orar y rendir culto a Yahvé hasta que fue destruido en los inicios de la era moderna.

Dentro de las plegarias que se entonan en la sinagoga destaca particularmente una, en la que se afirma el carácter único y necesario de Yahvé. Los judíos deben rezar esta u otras oraciones tres veces al día, pudiendo extenderse a cuatro o incluso cinco veces si se trata del Yom Kipur. Con estas oraciones se sustituyen los viejos ritos de los primeros judíos, que eran mucho más profanos y violentos y comprendían el sacrificio de animales vivos.

La institución de la sinagoga denota además muchas de las costumbres culturales y sociales del pueblo judío. Así, es absolutamente necesario que haya diez varones en la sala, de lo contrario no se pueden celebrar los ritos elementales del culto.

La Tierra Prometida

Para el judaísmo, dentro de todas las regiones que constituyen el mundo en el que se hallan disgregados existe una tierra especial, que ya aparece en la Torah y que constituye el centro de su culto. No en vano, los judíos distinguen entre la tierra santa y el resto del mundo, al que llaman diáspora.

Esta tierra santa es la de Israel, y su importancia y presencia en el mundo hebreo es trascendental. Por otra parte, algunos de los ritos elementales del judaísmo sólo se pueden cumplir estando en Israel, que se halla llena de vestigios de los orígenes de la religión.

Entre los lugares más destacados de la Tierra Prometida destaca el muro de las lamentaciones, que es uno de los restos que aún se conservan del templo de Salomón, elemento primordial en la historia del judaísmo. Los judíos van a este muro asiduamente a lamentarse por los pecados y a pedir perdón a Yahvé, con la Torah entre las manos e inclinándose hacia él.

Por otro lado, el judaísmo, al constituir una unidad religiosa, cultural y política, no sólo basa su identidad en el reconocimiento de un lugar sagrado, sino también en la adopción de una lengua propia, que es el hebreo. La importancia de esta lengua radica en que es la lengua que empleó Yahvé para comunicarse con Moisés y es la lengua en la que está escrita la Torah por lo que es considerada por los judíos como una manifestación sagrada del propio Dios.

El hebreo se habla actualmente en Israel después de años de decadencia que casi lo llevaron a su desaparición. Su recuperación se debe en gran parte al movimiento sionista (“Sión” es uno de los nombres bíblicos que recibe Jerusalén), responsable a su vez del nacimiento del moderno estado de Israel y del movimiento de liberación nacional del pueblo judío.

En la actualidad, el judaísmo se halla repartido por todo el mundo, destacando las comunidades de América Latina, la India, norte de Europa, los Estados Unidos e Israel.

Desde un punto de vista plástico, los judíos se hacen representar por la estrella de David y un candelabro que consta de siete brazos, que se conoce como menorá y se halla presente en la mayor parte de los templos antiguos judaicos.



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