Desde la década de 1960 se han venido configurando múltiples corrientes sociales y políticas cuyo objetivo es la preservación de un medio natural sometido a un creciente proceso de degradación. Los movimientos ecológicos, o ecologistas, engloban al conjunto de organizaciones, planteamientos teóricos y actividades destinados a sensibilizar a la opinión pública sobre la imperiosa necesidad de salvaguardar la naturaleza de las agresiones sufridas como consecuencia de la industrialización y de muchos hábitos propios de la sociedad de consumo.

Fundamentalmente, los movimientos ecológicos actuales hacen hincapié en la necesidad de un imprescindible y urgente cambio de mentalidad en la sociedad, que erradique la idea de que el ser humano puede continuar basando su posición de predominio en el planeta en la explotación de los recursos naturales, como si se tratara de fuentes inagotables y considerándose a sí mismo como un ente ajeno al entorno que habita.

Origen y evolución del ecologismo

Tal y como se interpreta en la actualidad, el ecologismo cuenta con referentes iniciales en la creación de las primeras organizaciones dedicadas al estudio y la protección del medio natural, a partir de las décadas centrales del siglo XIX, si bien éstas aún se hallaban ciertamente alejadas del activismo social propio de los modernos movimientos ecológicos.

Las incipientes corrientes ecologistas surgieron en oposición al pensamiento liberal burgués imperante en la época, según el cual todos los problemas sociales, incluidos los ambientales, podrían resolverse a partir de la dinámica natural de las leyes del mercado. Paradójicamente, las primeras organizaciones conservacionistas surgieron de la propia clase burguesa. Pueden mencionarse, a modo de ejemplo, la Sociedad Zoológica de Londres, creada en 1830, la Sociedad Francesa para la Protección de la Naturaleza, que data de 1854, o el Sierra Club, la primera asociación estadounidense con inquietudes ambientales, fundada por el filósofo conservacionista John Muir en 1892 y que llegó a contar con más de medio millón de afiliados. En los Estados Unidos se inició también la constitución de espacios naturales protegidos, el primero de los cuales fue el Parque Nacional de Yellowstone, creado en 1872.

La tumultuosa evolución de la vida política de la primera mitad del siglo XX hizo que las corrientes ecológicas permanecieran en el olvido, hasta que, en la década de 1960, el incremento de la contaminación y la masificación de los entornos urbanos otorgaron un renovado protagonismo al movimiento ecologista que, a partir de corrientes marginales, fue extendiendo su implantación en la sociedad.

En el marco de la militancia política de tendencia ecologista merece especial mención el partido alemán Die Grünen, Los Verdes, constituido en 1980 y que fue el primero en contar con responsabilidades de gobierno. En 1998 participó en un gabinete de coalición con los socialdemócratas, ocupando el verde Joshka Fischer la cartera de asuntos exteriores. En la transición al siglo XXI eran numerosos los partidos verdes con representación parlamentaria en todo el mundo.

Operando fuera de los cauces estrictamente políticos, son también diversas las organizaciones no gubernamentales que trabajan a nivel mundial, como el Fondo Mundial para la Vida Salvaje (WWF, por sus siglas en inglés, fundado en Suiza en 1961), o Greenpeace, creada en Canadá en 1971.

Fruto, entre otras cosas, del trabajo de estas organizaciones en la progresiva concienciación internacional sobre la precariedad del equilibro ambiental del planeta fueron una serie de acuerdos y convenciones internacionales establecidos en el marco de actuación de las Naciones Unidas. Cabe citar, por ejemplo, las sucesivas conferencias de las Naciones Unidas sobre el ambiente y el desarrollo, conocidas como Cumbres de la Tierra, la primera de las cuales tuvo lugar en la ciudad brasileña de Río de Janeiro en 1992. A ésta le sucedieron otras, entre las que adquirió especial relevancia la sudafricana de Johannesburgo, en 2002, en la que se trató a nivel mundial el enfoque del llamado desarrollo sostenible, que engloba los medios de crecimiento económico que permiten satisfacer las necesidades sin que se vean afectados los recursos que permitirán abastecer a generaciones posteriores.

Entre los acuerdos transnacionales aplicados en la primera década del siglo XXI, en cuya consecución resultó determinante el papel de los movimientos ecológicos, merece mención el Protocolo de Kioto (1997), que establecía una amplia batería de medidas destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en más de un cinco por ciento entre los años 2008 y 2012. El tratado entró en vigor en 2005, aunque algunas grandes potencias, como los Estados Unidos, se excluyeron de él.

Propuestas actuales de los movimientos ecológicos

Si el origen de los modernos movimientos ecológicos tuvo carácter marginal, en la primera década de 2000 su actividad y su mensaje habían alcanzado a la mayor parte de los sectores sociales en los países desarrollados. La sensibilidad por la problemática ambiental se generalizó hasta el punto de que llegaron a ser mayoría los partidos políticos que incluían en sus programas medidas destinadas a frenar el deterioro ambiental.

Entre los múltiples frentes en los que plantean su actividad los movimientos ecológicos cabe reseñar los que se enumeran a continuación:

1. Desafíos planteados por el cambio climático derivado del efecto invernadero.

2. Control y prevención de la contaminación atmosférica.

3. Aplicación de mecanismos limitadores de otras formas de contaminación, como

la térmica, la acústica, la lumínica, la electromagnética o la radiactiva.

4. Investigación y desarrollo de nuevas tecnologías no contaminantes.

5. Gestión de sistemas de almacenamiento de residuos radiactivos.

6. Conservación de la biodiversidad de plantas y animales.

7. Ayuda a los países en desarrollo a través de programas de desarrollo sostenible.

8. Lucha contra la deforestación y el consiguiente avance de la desertización.

9. Protección específica de los ecosistemas marinos, fluviales y lacustres.

10. Prevención de la escasez de agua.

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