Racionalismo

Desde un punto de vista general, se llama racionalismo a toda aquella doctrina que confía el conocimiento y la esencia de la realidad a la razón. El término encuentra su origen en el siglo XVII, en la obra de autores como Clarendon o Baumgarten, quienes lo emplearon para hacer referencia a una nueva forma de religión que se basaba en la racionalización de la fe, en la búsqueda de razones sensatas que hiciesen más confortable la vida.

Sin embargo, en lo que se refiere al mundo de la filosofía, el término fue empleado por primera vez por Immanuel Kant para hablar de su propio pensamiento, que definió como racionalismo trascendental en oposición a los dogmáticos que le precedieron y que no fueron capaces de llevar a cabo un análisis crítico de las facultades humanas, lo que los llevó a tomar por ciertas todas aquellas realidades que se derivasen de la razón.

El racionalismo kantiano consiste en la concepción de la ética, el conocimiento, la religión y el arte bajo la facultad de la razón. Así, se acepta la existencia de un mundo de hechos objetivos y autónomos, de datos sensibles, que sólo adquieren verdadera relevancia cuando son puestos en relación con la facultad pura del entendimiento.

Por otro lado, el racionalismo crítico de Kant parte del análisis de la razón como actividad pura, al margen de la sensibilidad, llegando a reconocer unas estructuras trascendentales que regulan y conforman el conocimiento humano.

Posteriormente, el pensador idealista Georg Hegel empleó el término racionalista para hacer referencia precisamente a aquellos autores que Immanuel Kant había llamado dogmáticos. Así, René Descartes o Gottfried Wilhelm Leibniz eran los máximos representantes del racionalismo.

Esta caracterización hegeliana de la doctrina racionalista es, sin duda, la que ha obtenido un éxito más notable, de tal manera que se llama actualmente racionalista al pensamiento de autores como Descartes, Baruch de Spinoza o Leibniz, mientras que se llama empiristas a los pensadores que se opusieron a ellos, como David Hume o Locke.

En este contexto, el racionalismo consiste en la doctrina que concibe el ser como razón. Es decir: la corriente que afirma que sólo existe una realidad, una sustancia, y que ésta está sustentada por la razón, comprendida como facultad universal y omnipotente.

Así, para el pensamiento contemporáneo, que heredó las categorías hegelianas, el racionalismo trascendental de Kant se diferencia mucho del primer racionalismo ontológico de Descartes o Leibniz.

Por otra parte, dentro del racionalismo se pueden identificar distintas vertientes, que están determinadas por el estudio de un objeto determinado. En este sentido, se puede hablar de:

1. Racionalismo general. Tiene como objeto el conjunto de la realidad, emplea una gran diversidad de métodos y perspectivas. Dentro de este conjunto se puede admitir tanto la obra de Descartes como la de Platón, quien sitúa el logos, la palabra, el entendimiento, por encima de la realidad, haciendo de la razón la base del conocimiento, la estética, la religión o la ética.

2. Racionalismo religioso. Admite la existencia de una religión natural, debida a la revelación, pero que separa el conocimiento verdadero de la fe y la creencia, ya que, como indica Kant, el racionalista debe atenerse a lo que puede obtener a través del uso legítimo de sus facultades. En consecuencia, el racionalismo religioso se separa de la religión natural porque no admite ninguna forma de revelación, y se contenta con lo que puede saber a través del uso metódico de la razón.

3. Racionalismo filosófico. Hace referencia a las doctrinas y a las corrientes que convinieron en llamarse de esta manera a sí mismas. Así, dentro de este racionalismo filosófico cabe hablar tanto del racionalismo dogmático de Descartes y Leibniz como del racionalismo trascendental y crítico de Immanuel Kant.

En definitiva, el racionalismo hace referencia a una actitud ante el conocimiento y la realidad y a unas corrientes filosóficas concretas que basaron su método y su visión del mundo en la razón, entendida como una sustancia pura, universal y necesaria.



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