Terapia Biomagnética o Magnetoterapia

El magnetismo y la electricidad son dos fuerzas paralelas, mutuamente intercambiables y de máxima importancia en el desarrollo de la vida en general.

La principal acción de los imanes y su correspondiente campo magnético se verifica sobre dos grandes sistemas orgánicos: el sistema circulatorio y el sistema nervioso.

Los imanes naturales están compuestos por sustancias minerales tales como el hierro, la magnetita, las sideritas y piritas en general, cuyos compuestos con proporciones de oxígeno y de hierro les confieren propiedades de atracción y de rechazo, siendo su potencial magnético estable.

Los imanes artificiales, fabricados por el hombre, pueden variar en formato, tamaño y potenciales diversos. Los imanes denominados permanentes son elaborados con una potencia determinada, que permanece invariable y sólo es alterada por la disgregación de sus moléculas, de acuerdo al tipo de manipulaciones a que se encuentre sometido.

Las sustancias denominadas ferromagnéticas son muy permeables a la magnetización, tales como el hierro, el acero, el níquel y el cobalto. El hierro retiene más fácilmente el efecto magnético pero a su vez, lo retiene por menor tiempo. Por el contrario, el acero por ser menos permeable, tiene la cualidad de retener la fuerza magnética a través del tiempo. Las substancias paramagnéticas tienen menor atracción por las líneas de fuerza magnética; podemos mencionar entre ellas al aluminio, el cromo, el manganeso, el tungsteno, etc. .

Substancias diamagnéticas son las que no son atraídas por las líneas de fuerza magnética y tienden a desplazarse hacia los puntos de menor intensidad de los campos magnéticos. Mencionaremos entre estas últimas al antimonio, el oro, la plata, el mercurio, el estaño, el zinc, etc.

Se le suele denominar imanes cerámicos a los que se componen de óxidos ferrosos (tierras raras), bario y estroncio. Su cualidad distintiva es la mayor retención de carga magnética, su conservación y estabilidad ante los cambios de temperatura o de los agentes desmagnetizadores. Tienen la particularidad poco práctica en el uso frecuente, de su fragilidad y poca resistencia a los golpes.

Los electroimanes son también fabricados industrialmente y se constituyen en aparatos de distintas formas y tamaños, preparados para las distintas zonas del cuerpo. Las camas generadoras de campo magnético están compuestas por varios electroimanes. Estos dispositivos sólo generan fuerza magnética cuando están enchufados a la corriente eléctrica. Los tiempos de exposición a este tipo de imanes deben ser breves y controlados por un profesional idóneo.

Es imposible realizar un tratamiento ambulatorio que permita la continuidad del tratamiento en domicilio ni tampoco pueden aplicarse al medio ambiente ni a la vida cotidiana.

Afecta la salud y la calidad de vida

La generación de un campo magnético producido por imanes permanentes afecta a todos los seres vivos que se hallen dentro de su campo de influencia potencial. La Tierra permite a los ecosistemas que la componen, su desarrollo, crecimiento y sustentación, debido a la generación permanente de un campo magnético, conocido como campo geomagnético.

Es posible tener campo magnético portable y propio Los imanes portables y permanentes (que conservan la fuerza magnética por muchos años) pueden mejorar la calidad de vida de las criaturas vivientes. Aplicados adecuadamente pueden influir positivamente sobre la calidad de los alimentos. Tienen una incidencia notable en los ambientes, si son ubicados inteligentemente. Someter a la acciön de campos magnéticos, el agua y otros líquidos que se ingieren habitualmente, arroja como resultado la ionización de las moléculas que los componen. La acción de los campos magnéticos cuantifica la potencia de los minerales necesarios para la vida.

El campo magnético produce una asepsia general que impide el acceso de diversos agentes patógenos, virus, bacterias y hongos, que pueden actuar en forma nociva en los sistemas vivos. Las enfermedades que se desarrollan evidenciando gran desorden celular son corregidas por la acción de campos magnéticos de mediana y de alta frecuencia. La dosificación de la exposición a dichos campos y la aplicación progresiva de los mismos marca la diferencia que asegura un tratamiento exitoso.

Diferenciamos distintos métodos y abordajes Comenzaremos por distinguir algunos términos. Magnetoterapia es la palabra con que definimos a todos los tratamientos donde se aplican campos magnéticos. Imanterapia se refiere a la aplicación de imanes permanentes y portables de mediano y gran tamaño. Electromagnetoterapia es el término adecuado para designar a la aplicación de aparatos y camas que generan un campo magnético cuando se encuentran conectados a la corriente eléctrica. Biomagnética es la disciplina que se ocupa del tratamiento personalizado y la aplicación de pequeños imanes, que permanecen adheridos a la piel por varios días. Considerando que la Tierra es un gigantesco imán, resulta fácil entender la importancia de la Biomagnética, pues esta disciplina permite a una persona trasladarse y realizar su vida cotidiana, disfrutando de un campo magnético propio. Los más recientes estudios en la Física del Medio Ambiente han anunciado que el Campo Geomagnético actual es muy pequeño en relación a las necesidades para conservar la salud humana y que continúa agotándose paulatinamente. Dado que las células que componen los tejidos vivos son estimuladas por medio del campo magnético terrestre, podríamos inferir que una fuerza obtenida por medios ajenos al mismo, y de calidad equivalente, sería capaz de producir efectos similares.

El Dr. Roy Davis, estudioso norteamericano, considerado el padre de la Biomagnética, ha estudiado los efectos de los campos magnéticos sobre los sistemas biológicos. La Biomagnética es considerada actualmente como una importante rama de la Biofísica, en todas las universidades europeas.

Las propiedades biológicas de ambos polos magnéticos tienen particularidades que los distinguen y producen efectos diferentes y opuestos, sobre los organismos vivos.

Es posible afirmar que el potencial medio, normal, de una célula es de 90 a 100 milivoltios. Si el potencial disminuyera por debajo de 70 mV, se considera que la célula está sufriendo y si el potencial es menor de 26 mV, la célula puede significar muerte celular. Cuando, por el contrario, se excede de los 150 mV, puede romperse su estabilidad e iniciarse un proceso degenerativo a nivel celular.

En cada caso, existe un requerimiento diferente del tipo de biomagneto, una intensidad que será particular al mismo, una localización topográfica distinta en la aplicación sobre la piel y un espacio de tiempo acorde a la situación.

El biomagneto actúa fundamentalmente sobre las células donde se encuentra aplicado, mas se ha comprobado que el biomagneto está también realizando un tratamiento sistémico general, que favorece un mejor estado de salud. Al modificar el potencial eléctrico de las células, la bioelectricidad se traduce en modificaciones correspondientes del potencial bioelectromagnético, o sea, del potencial bioplásmico.

Autora:  Graciela Pérez Martínez



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