Virus

En origen se llamó virus (en latín, veneno) a los agentes poco conocidos que causaban enfermedades, y tras su tipificación a finales del siglo XIX el término quedó asociado a los organismos que pasaban a través de los filtros bacterianos de porcelana porosa, siendo de hecho denominados en primera instancia virus filtrables.

Los virus se distinguen de las bacterias y el resto de los microorganismos por sus reducidas dimensiones, por no ser visibles más que al microscopio electrónico, por ser retenidos por los filtros y por no sedimentar en las centrifugadoras. Se definen, pues, como organismos ultramicroscópicos, ultrafiltrables y ultracentrifugables. Son parásitos celulares obligatorios, es decir, que requieren células vivas para multiplicarse.

Estructura y tipos de virus. Las partículas víricas están integradas por material genético, sea este ácido ribonucleico (ARN) o ácido desoxirribonucleico (ADN), rodeado por una cubierta proteica a la que se llama cápside, formada por subunidades denominadas capsómeros.

Los virus investigados hasta la fecha presentan todos ellos un solo tipo de ácido nucleico, bien ARN o bien ADN, que en ambos casos pueden ser de cadena simple o doble.

Su condición de parásitos obligados hace que sólo en el interior de otras células mantengan las funciones de conservación y reproducción propias de los seres vivos. Tal es la razón por la que buena parte de ellos son patógenos, tanto para bacterias como para vegetales y animales.

Los virus que infectan bacterias son los bacteriófagos, también llamados simplemente fagos, que presentan una estructura particular constituida por una cabeza poliédrica, que contiene el material genético, y una vaina contráctil, de la que parten fibras con las que se fijan a las membranas de las bacterias infectadas. Son importantes por su destacado papel en los estudios de biología molecular, genómica y terapia génica, papel que modernamente se hace extensivo a toda la virología.

Por su parte, los virus vegetales, todos los cuales tienen ARN como material genético, no infectan de manera activa a las células, sino que penetran en los organismos a través de lesiones en el tejido vegetal o son transmitidos por insectos.

Los virus animales pueden contener ARN o ADN y, aunque también son a veces transmitidos por insectos, suelen desarrollar mecanismos activos de infección.

Por cuanto respecta a su forma, presentan disposiciones como la ya citada de los bacteriófagos, bastoniformes con capsómeros en simetría helicoidal, o en forma de ovillo o de poliedro, recubiertos por una cápside en ocasiones esférica.

Ordenación de los virus y enfermedades virales. El más que probable carácter polifilético de los virus hace que su clasificación esté sujeta a diversos criterios. En la década de 2000 se hallan en curso ordenaciones como la denominada de Baltimore, que distingue siete grupos en razón de la naturaleza del material genético, o la del ICTV, siglas del International Comitee on Taxonomy of Viruses, que adecua la clasificación a los criterios de nomenclatura binomial vigentes para el resto de los seres vivos.

No obstante, la diferenciación de categorías más común es la que distingue los que contienen ARN y los que presentan material genético de ADN, entre cada uno de los cuales se establecen diversas familias.

Entre los virus patógenos humanos dotados con ARN se cuentan los productores de enfermedades como la viruela, erradicada a través de la vacunación, el herpes simple, la varicela, el herpes zóster, la hepatitis B, o el papiloma.

Entre los que presentan ADN en su material cabe reseñar los causantes de las hepatitis A y C, la gripe, el resfriado común, la poliomielitis, la parotiditis o paperas, el sarampión, la fiebre amarilla, el dengue, la rabia o hidrofobia, diversos procesos tumorales, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o la fiebre hemorrágica causada por el virus Ébola.

También son de origen vírico importantes enfermedades animales como la fiebre aftosa, la leucemia bovina o la peste porcina, y otras vegetales, como el llamado mosaico del tabaco, que fue el primer virus aislado, en 1892, el mosaico amarillo del nabo o el virus X de la papa o patata.

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