Zoroastrismo

Una de las más antiguas religiones del mundo, practicada desde el segundo milenio a.C. por los pueblos indoeuropeos en lo que hoy es Irán. El zoroastrismo, también conocido como mazdeísmo, se caracteriza por la existencia de dos principios básicos: el bien, constructor del mundo, y el mal o principio destructor. Muchos datos e informaciones referentes a esa religión y época se conocen escasamente por la falta de fuentes escritas. En la actualidad, los mazdeístas conforman un pequeño grupo en Irán (se calcula que en torno a los cincuenta mil) y también subsisten en la India, aunque bajo la forma del parsismo.

Históricamente, el mazdeísmo pasó por diferentes etapas. La primera, de consolidación, se inicia con las enseñanzas del profeta Zoroastro (o Zaratustra). En el siglo IV a.C., destacó la época dominada por la figura de Alejandro Magno, en la que el helenismo se extendió por toda la región. Posteriormente, el zoroastrismo alcanzó su esplendor bajo el imperio sasánida (siglos III-I a.C.) al ser considerada la religión oficial. Sin embargo, a partir del siglo VII d.C., los musulmanes iniciaron sus grandes conquistas territoriales e iniciaron las persecuciones contra los fieles mazdeístas, lo que obligó a muchos de ellos a refugiarse en otros países, sobre todo en la India, donde conformaron la doctrina parsi.

El mazdeísmo, palabra que proviene del persa mazda y que significa “rey del cielo o principio del bien”, era una religión originariamente politeísta. Sin embargo, Zoroastro, en torno al 600 a.C., llevó a cabo una profunda reforma religiosa que transformó el mazdeísmo en un culto monoteísta, basado en la adoración de Ahura-Mazda, considerado el señor de la sabiduría, el único inmortal y eterno ser divino. Aunque persisten diversas interpretaciones, parece ser que Zoroastro estableció que de Ahura-Mazda surgieron dos espíritus que llevaron caminos separados: uno, Spenta Mainyu (espíritu santo) tomó el camino de la verdad; el otro, Angra Mainyu (espíritu destructor) fue el creador de todo mal y optó por el camino de la mentira. Junto al Angra Mainyu, se encuentran los daeva, unos demonios que quieren la perdición del ser humano.

Para el mazdeísmo, el ser humano tiene la libertad de tomar uno de los dos caminos, aunque las consecuencias de sus actos se definirán tras su muerte: los que eligieron la senda del bien irían a un mundo paradisíaco, mientras que los que siguieron el mal serían castigados eternamente. A pesar de que el zoroastrismo presenta la idea de la libertad de elección, toda la religión imbuye al hombre en una constante lucha contra la maldad, la contaminación del alma y las múltiples causas que la pueden manchar.

Ahura-Mazda se representa simbólicamente por medio del fuego, que se encuentra en todos los templos mazdeístas que le rinden culto. Aparte del dios único, existen otros seres espirituales que son los Amesha Spenta, una especie de santos inmortales. Los principales son: Asha Vaisha, que es la justicia perfecta; Haurvatat, la salud; Vohu Manah, el buen pensamiento, y Ameretat, la inmortalidad.

El mazdeísmo o zoroastrismo cuenta con un texto sagrado, conocido como el Avesta, que se compone de varios escritos redactados en diferentes épocas y completados en la época sasánida. Dentro del Avesta se encuentra el Yasna, un conjunto de textos que sólo recitan los sacerdotes durante la ceremonia del sacrificio del mismo nombre. También están los Gathas, escritos litúrgicos en alabanza al dios único. Los Gathas, que suman un total de 17 cantos o himnos, muchos de ellos en un lenguaje incomprensible, se consideran obra de Zoroastro, aunque muchos estudiosos ponen en duda esta posibilidad. Incluso, hay especialistas que ponen en tela de juicio la propia existencia de Zoroastro. También se dice que a la muerte del profeta muchos seguidores traicionaron el culto a Ahura-Mazda y volvieron al politeísmo.

Los ritos funerarios también eran (y son) significativos en la religión mazdeísta. Uno de los más destacados, y que se conserva en la actualidad, son las llamadas “torres de silencio”. En estas construcciones, a modo de plataformas, se deja el cuerpo del muerto (que no se considera importante) para que los buitres se lo coman. De esta manera, se evita que el muerto se contamine al entrar en contacto con la tierra o el aire, tal y como ocurriría con la inhumación o la incineración.



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